La inflación seguirá cediendo a lo largo de 2026, pero no lo hará de forma “perfecta” ni lineal. Esa es la idea central que subraya Adolfo del Cueto Aramburu, cofundador y CEO de Bulltick, al presentar las perspectivas macroeconómicas de la firma: el gran riesgo ya no es el susto puntual de un shock, sino la persistencia de varios componentes que se resisten a normalizarse al ritmo que espera el consenso.
Según el análisis, el escenario base apunta a una inflación “pegajosa” (sticky) con moderación gradual: un 3,3% hacia la mitad de 2026 y un 2,9% hacia el cierre de 2026. Es un entorno donde la conversación económica se mueve desde los picos y titulares hacia lo realmente decisivo: la duración de los precios altos y su impacto acumulado en el consumo.
“En 2026, el error de enfoque es mirar solo el último dato. La clave es entender qué parte de la inflación baja por efecto estadístico y cuál se mantiene viva por factores estructurales”, explica del Cueto.
Bulltick es una firma internacional de servicios financieros con sede en Miami, con actividad en mercados institucionales y patrimoniales; su estructura incluye entidades registradas en EE. UU. como broker-dealer y asesor de inversión (RIA), según información corporativa y registros regulatorios.
Por qué la inflación no cae “perfecta” en 2026
Persistencia por factores estructurales
La inflación de 2026 no se entiende como una simple resaca de disrupciones pasadas. Es la suma de inercias internas que tienden a sostener el nivel general de precios incluso cuando se disipan los shocks más evidentes.
Entre los factores que explican esta resistencia, Bulltick destaca:
- Servicios y costes laborales: cuando la inflación se desplaza hacia servicios (más intensivos en mano de obra), suele volverse más persistente.
- Vivienda y costes asociados: alquileres, mantenimiento y gastos vinculados al hogar tienden a ajustarse lentamente, y su peso psicológico en el consumidor es alto.
- Transición energética y costes de red: la energía puede bajar, pero el coste de adaptar infraestructuras y cadenas productivas introduce rigideces.
- Reconfiguración comercial y geopolítica: la búsqueda de cadenas de suministro más seguras puede ser más cara que el modelo previo.
En este marco, la inflación deja de ser un “evento” y pasa a ser un régimen: un periodo más largo donde el consumidor convive con precios elevados, aunque la tasa interanual se modere.
Meta del 2%: viable, pero no inmediata
El análisis no cuestiona que el 2% sea un objetivo alcanzable. Lo que recalca es que no es inmediato, y que el camino puede incluir tramos de aparente calma seguidos de repuntes puntuales. “Bajar del 4% al 3% es una cosa; consolidar el aterrizaje cerca del 2% requiere más tiempo, porque ahí manda la parte estructural”, añade.
Este enfoque enlaza con una lectura prudente del escenario 2026: la inflación puede parecer controlada en algunos meses, pero seguirá condicionada por componentes que no reaccionan con rapidez a la normalización macro.
La trayectoria prevista
Mitad de 2026 (≈3,3%)
De acuerdo con las perspectivas, el comportamiento esperado hacia mitad de año se apoya en dos pilares:
- Efectos de comparación: meses en los que el “escalón” estadístico ayuda a mostrar tasas más bajas.
- Normalización parcial: cierta relajación en partidas volátiles, aunque sin una victoria completa sobre la inflación subyacente.
En este punto, Bulltick considera probable que el debate público se equivoque de pregunta: no se tratará de “¿por qué no baja más?”, sino de “¿qué parte de la bajada es sostenible?”.
Cierre de 2026 (≈2,9%)
Para el tramo final de 2026, el escenario central contempla una inflación ya más controlada, pero aún por encima del 2%. La razón: la inflación que queda es la más difícil de eliminar, porque no depende tanto del ruido de corto plazo. En otras palabras, llegar a un 2,9% no sería un fracaso, sino una señal de que el ciclo está entrando en una fase distinta: menos espectacular en titulares, pero más relevante para el ciudadano.
Qué significa para el ciudadano
Poder adquisitivo y consumo más selectivo
Aunque la inflación se modere, el consumidor no “vuelve” automáticamente a la normalidad. La experiencia de los últimos años deja una huella clara: se compra distinto.
Bulltick anticipa un 2026 de consumo más selectivo, donde ganan peso:
- Comparación activa de precios.
- Sustitución por marcas blancas o formatos ahorro.
- Ajuste del gasto discrecional (ocio, restauración, electrónica).
- Mayor sensibilidad a cuotas y financiación (hipoteca, coche, hogar).
La inflación más baja ayuda, sí, pero el alivio es gradual: el nivel de precios acumulado ya es más alto y sigue afectando a la percepción de bienestar.
Precios “más altos por más tiempo”
Uno de los mensajes clave del informe es conceptual: incluso con tasas moderadas, el ciudadano puede sentir que “no baja nada”. Y, en cierto sentido, es correcto: baja la velocidad de subida, pero los precios suelen quedarse en el nuevo nivel.
Por eso, Bulltick insiste en que 2026 es un año para ajustar expectativas:
- La inflación puede moderarse…
- …sin que eso implique una bajada generalizada de precios.
Este matiz marca la diferencia entre un año “mejor” en estadísticas y un año “fácil” para la economía doméstica.
Qué vigilar sin caer en falsas señales
Componentes que más pesan en la inflación
Bulltick recomienda mirar la inflación por dentro y no solo el dato general. En un contexto de persistencia, el foco debe estar en los componentes que explican el “pegamento” del índice:
- Servicios (por su relación con salarios).
- Alimentación (por su impacto directo y frecuencia de compra).
- Vivienda (por su efecto estructural y emocional).
- Energía, pero entendida como factor de volatilidad, no como explicación total.
La lectura práctica: si lo que baja es lo volátil, pero lo estructural aguanta, la batalla no está cerrada.
Diferenciar ruido vs tendencia
En 2026, el riesgo para el ciudadano y para el inversor no es solo económico: también es informativo. Habrá meses de titulares optimistas y otros de alarma repentina. Bulltick propone una regla sencilla: evitar decisiones por un solo dato.
Señales de “ruido” (menos útiles):
- Repuntes puntuales por energía o impuestos
- Movimientos estacionales sin confirmación en subyacente
- Un mes aislado de “sorpresa”
Señales de “tendencia” (más útiles):
- Persistencia en servicios
- Dinámica de costes laborales
- Evolución sostenida de subyacente
- Indicadores de consumo real (no solo confianza)
“En 2026, la economía te va a tentar con falsas señales. La disciplina es mirar la tendencia y no el titular”, concluye del Cueto.
Perspectivas Macro 2026: por qué aquí el protagonista son los precios (más que los tipos)
Un punto diferencial del planteamiento es que no todo se explica por la política monetaria. En este marco, Bulltick pone el énfasis en el componente microeconómico: márgenes, servicios, estructura de costes y hábitos de consumo.
Es decir: no se pisa con tipos porque aquí el protagonista es los precios. El mensaje no es ignorar los bancos centrales, sino reconocer que gran parte de la inflación persistente se juega en terrenos donde el tipo de interés actúa lento y con efectos secundarios.
Sobre Adolfo del Cueto Aramburu
Adolfo del Cueto Aramburu es cofundador y CEO de Bulltick Capital Markets. Su trayectoria está vinculada al ámbito de mercados de capitales, banca de inversión y asesoría patrimonial. Distintas reseñas sectoriales lo sitúan como ejecutivo de referencia en servicios financieros para clientes latinoamericanos con actividad internacional.